Un día más de cuarentena en un país dividido, dividido unilateralmente, dividido desde la mirada de los privilegios y también divididos en angustia y frustración. Un país que se aguanta la rabia igual que los volcanes que muy pronto han comenzado a explotar, y son la fuerza de un espíritu herido que expulsa el descontento que hierve, que quema y que luego se apacigua y construye nuevos territorios, bueno eso quiero creer.
A lo lejos la esperanza de una comunidad comprometida con su entorno, con la Paz pero esa de verdad, esa que reina por el amor en consecuencia con la justicia.
A lo lejos la desesperanza, de un mundo colapsado sin saber como sostener lo impalpable que es la enfermedad y el contagio, con la fe puesta en el compromiso social, si ese, ese que esta quebrado...
Ronda la muerte que se lleva a aquellos que vivieron ya tantas injusticias y también tantas alegrías, y que hoy están con una carta de sentencia que depende de ti, de quien lee y de quién escribe.
La brisa de la muerte enamorada que ronda como un ángel asesino, canta Fito mientras yo efectivamente me siento al lado del camino, observando a seres humanos que no se salen de ese espacio donde con o sin razón se ubicaron y no pueden mirar desde arriba, desde más arriba del yo y sintiendo el nosotros.
He aprendido mucho en este tiempo, principalmente que la labor que me toca desempeñar como alguna vez creí y sigo convenciéndome, tiene más que ver con acompañar y sostener que educar.
El caos es un clima que me acomoda sobremanera, me hace moverme en espacios de creatividad y de reinventar constantemente y por dios que me gusta!
Mas que libertad y salir a las calles hoy necesito esto, reflexión, observar, pero al tiempo sopesar cuáles son las cosas radicalmente importantes y que no se basan en caprichos ni deseos sino más bien en necesidades del ser.
Creo que al fin nada tiene fin, dice Fito y abrí la puerta a esa nueva mirada, y si creo, con eso basta.

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