En mi vida he tenido días intensos, de emociones que van y vienen, de muchas alegrías y de intensas y casi insoportables tristezas. Pero hoy fue una mezcla inusitada de nostalgia, pena y principalmente emoción. Como nunca antes, mi madre me pidió ir al cine a ver Coco y pese a haberla visto ya, invité a mis hijas a acompañar a mi madre a esta función. Tengo que ser honesta, ver una película que ya he visto, no me genera mucho entusiasmo que digamos y son contadas las películas que he visto más de dos veces en mi vida y menos aquellas que he repetido más de 3 veces (creo que Matrimonio por conveniencia se lleva el galardón y de seguro la veo mañana de nuevo 😉 ), pero las ganas inusitadas de mi madre nos engancharon a mis hijas y a mi para tener este panorama para hoy.
Bueno ya ir al cine era una novedad para mi madre, que creo que la ultima función que presenció fue el cierre de Gran Palace en el Centro de Santiago, no porque no la hubiéramos invitado nunca, sino porque siempre añoró sus cines de barrio donde el rotativo era la gracia.
Cuando entramos, por supuesto comencé a darme cuenta como las salas de cine no están para nada equipadas para los adultos mayores, tratar de equilibrarse mientras suben un escalón sin pasamanos en que apoyarse, es de verdad lamentable. Bueno pero al margen de esto, la cara de mi mamá cuando comenzó la película era de verdad impagable, el verla sorprenderse con este espectáculo era en si mismo un espectáculo para mi.
Una vez que la trama comenzó a desarrollarse mi interés fue paulatinamente concentrándose en mis vivencias de niña; de los cumpleaños que mi madre nos organizaba debajo del parrón y que se caracterizaban por los banderines que ella misma hacía, los muros de adobe, las tejas, las ida al cementerio a decorar con flores la tumba de mis abuelos y mi tía y .... de los delantales!! esos delantales que siempre se colocaba para cocinar y la verdad no se sacaba a ninguna hora del día. Pero cuando la emoción me embarga por completo, fue al reconocer aquellas canciones que escuchaba cantar a mi madre y que hoy necesité de su presencia en la sala, para recobrar el recuerdo de que me se la letra, la entonación y me imagino a mi madre y padre cantando a coro muertos de la risa.
Tengo claro que el tango era la canción nacional en mi casa y Carlos Gardel el ídolo máximo, sin embargo, había olvidado que mi madre nos contaba como cuando niña cantaba rancheras y como era entonadita, la hacían repetirlas en todos los cumpleaños o festividades familiares.
Ahora si junto el delantal de mi mamá, la banca de madera en la cocina de Molina y la freída de sopaipillas, recuerdo patente el tarareo constante que si o si terminaba con una cantada a todo pulmón de "Llorona" de mi madre. Pero tuve que estar justo aquí en el cine para recordar... este azul celeste, ... de aun que la vida me cueste.. y del no dejaré de quererte.
Se que Coco debe estar pensada por sus creadores en el rescate de toda la cultura del pueblo Mexicano, ilustrando sus tradiciones y el valor de la familia como un gran árbol genealógico, sin embargo, para mi hoy esta película tuvo un valor aun más significativo y que tiene que ver con construir aquellos recuerdos que tengo de mi madre; de esta madre sana, sin canas y con el precioso vinculo que recobre con ella desde el momento que me convertí en madre y que espero poder legar a mis hijas.
Una melodía bella el alma tocó... en el latido de mi corazón

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