jueves, 24 de noviembre de 2016

Cuando uno es maestra

Cuando uno es maestra en un Jardín infantil, ve pasar a tus niños y a no ser que te los encuentres con los años en el supermercado y, ellos te reconozcan, escasamente tienes espacio para saber de sus vidas y como han cambiado sus caritas con el paso del tiempo. Ahora si eres maestra de preescolar o nido la cosa es aun más difícil, porque de seguro y sobretodo los hombres, son otros seres humanos de los puntitos chicos que eran antaño.
Esa era mi motivación hace doce años al integrarme al Epullay, poder logra estrechar este vinculo que uno hace con sus niños y verlos crecer día a día y no peder ese nexo.
Este año, pese a que aun no sale mi primera generación del Epullay, ya tengo a una princesa que estuvo conmigo en uno de mis salones y emigra al mundo a buscar sus propios rumbos. Y lo que me pasa, es que aun tengo en mi mente su carita de pequeña; sus trenzas bahianas de siempre y de vez en vez su pelo desaliñado porque peleó con la peineta.
Hoy 30 de Octubre esa misma chiquitita de mirada clara, se fue a mi salón con mis actuales niños de preescolar y una emoción que inunda mi corazón (que por suerte ya he logrado controlar) me alejó y me hizo ver la grandeza de esta profesión que uno tiene, de ver crecer a seres humanos desde la ciega y amorosa admiración hacia el pensamiento crítico y amor incondicional.
No se si por mucho más tiempo veré salir generaciones tras generaciones, pero me encantaría tener el orgullo que veo en la Gladys, mi viejita que está ahora apoyándonos día adía con los materiales, y ver entrar por la puerta a uno de mis niños o niñas ya como padre o madre y ver cerrar el ciclo de la vida!!


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