domingo, 8 de noviembre de 2015

De qué me quiero acordar


En ocasiones las palabras cobran nuevos significados y desde que mi padre ya no está, el sentido incluso de un saludo de alguien que te conoce cobra otro sentido, pues del habitual "bien gracias" que uno responde casi de manera mecánica hay implícito un si gracias estoy viviendo bien mi duelo.

Y bueno qué responder, que tengo pena, claro que la tengo en ocasiones me doy cuenta que casi me olvido y en otros la desesperación se hace parte de mi ser, sin embargo cuando es más fuerte este estado de confianza de que mi viejito ya está descansando, es cuando mis niñas me lo recuerdan, cuando son ellas las que me reconfortan y me enseñan (una vez más) que la vida es sabia y que los ciclos de vida y muerte son eso ciclos.
Cuando el viejito se fue, fui muy estricta en que las niñas no lo vieran fallecido y básicamente porque no quería que como a mi me pasó, su único recuerdo de su abuelo fuera el de un cuerpo sin vida, o como les dije a ellas "sin su espíritu".
Pero creo que aun no termino mi tarea con esto, pues muy a mi pesar, mis hijas estuvieron en los períodos más críticos de la enfermedad de mi padre y sus recuerdos son tan tristes como tragicómicos. 
Por lo que hoy me propuse el siguiente plan, que mis hijas elijan de qué y cómo quieren recordar a mi padre, por lo que antes de dormir mencionamos aquellos momentos especiales cuando mi padre las manguereaba en el pasto, cuando las iba a buscar a su Jardín Ayekan y pese a mi reproche les compraba un calzón roto y una pap, su bebidas favorita de todos los tiempos.
También me quiero acordar cuando estuvo cada minuto meciendo a mis bebés o sacándole los chanchitos cuando yo creía que ya caería en colapso nervioso.
Cuando llegaba de trabajar toda la mañana y se tomaba un tecito con un pastelito y charlábamos de la vida.
Quiero acordarme cuando me acompañaba a arrendar departamentos o cuando intentó cientos de veces que aprendiera a manejar. Cuando leía los artículos de mi hermano en las revistas y su orgullo era gigante. Cuando veía a sus tres nietas jugar y volverse locas a su alrededor y cuando las tomó en brazo y les enseñó lo que era pegar pataditas al agua.
Quiero que compartamos el recuerdo de las tardes en su casa; de cómo nos ponía la mesa, cortaba el pan en trocitos y si hacía mucho calor nos servia jueguito con un poco de agua antes de sentarnos a la mesa.
Como nos arropaba si alguna de las tres se dormía en el sillón y cómo nos acompañaba hasta la puerta de nuestra casa cargando a la Sol dormida o los miles de bolsos que traíamos del colegio.
Me quiero acordar cuando hablaba de sus anécdotas en el Canal 13 y cuando nos enseñaba cómo tener impecable el auto con una mezcla de agua y lustra muebles.

Hay tantas cosas que me quiero acordar de él, pero siempre mi mente me juega una mala pasada y lo veo ya sin vida y sólo pido que al igual que a mis hijas el tiempo nos ayude a ver lo que queremos recordar.

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